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ARTICULOS


Notas y Escritos

• Elogio del Movimiento, o Carta Abierta de una chica movediza que se inventó un Sistema.

Toda mi vida me he movido.
Es decir, todo el mundo se mueve, pero si pienso en mí misma, si me imagino, si me visualizo, siempre, estoy moviéndome.

La primera imagen de mí misma, o la imagen que tengo de mis primeros recuerdos, allí donde se pierde la memoria, es en el campo donde nací trepando árboles, alto, muy alto, o a caballo con mis hermanos: movimiento puro.

Devenida de golpe y porrazo en “niña citadina”, recuerdo mis años de gimnasia deportiva, las barras, las paralelas, la sensación de mis pies picando en el trampolín y la nuca contra el cajón haciendo un “kip” y volando en arco. La sensación de las manos en el piso cabeza abajo los pies en el aire, en fin puro vértigo, la vida fue pasando.

De ahí a la danza clásica, y si pensaba que mis entrenadores habían sido rudos, estaba equivocada, no había conocido aún a una maestra de danza.

Aquí el movimiento cambió de cualidad: no sólo debía ser efectivo, además, y por sobre todo, debía ser bello.
La búsqueda de la belleza no era en modo alguno una búsqueda vana, tenía que ver con el arte, con la trascendencia, con que un cuerpo sólido pareciera etéreo, en fin, jamás un logro pero si la imprimación de un concepto, que como otros, dejaron huella en mí. Como otro concepto básico y profundo: la postura. El movimiento “nace” de una postura, de una “colocación”.

Ya adolescente, este cuerpo movedizo conoció los deportes de montaña, las largas caminatas cargando pesadas mochilas, otro tipo de exigencia, otro tipo de cansancio físico, otro tipo coordinación: no los ámbitos protegidos del gimnasio o el estudio de danza, sino terrenos irregulares, trepadas, bajadas, diferente atención, y siempre, siempre, la Naturaleza omnipresente bañándolo todo. Gozo puro.

Ya joven mujer, e instalada definitivamente en mi medio natural, las montañas, conocí lo que con los años sería mi profesión , o parte de ella: las artes marciales.
Qué felicidad, el cuerpo entero coordinando, pateando, girando, en fin, entrenando, transpirando. Y no mucho más tarde, enseñando.

Y la vida, como el cuerpo, seguía moviéndose.

Por esta época las cosas se iban sumando, sin excluirse: la escalada en roca, el cuerpo acomodado a un plano vertical, no horizontal, casi colgando, agarrado de la punta de los dedos, la pared siéndolo todo. Las caminatas por la montaña siempre, siempre, parte de la vida.

Se suma el masaje. Otro conocimiento del cuerpo, una visión desde otro ángulo.
Ya no “sentir” el cuerpo propio sino “tocar” el cuerpo ajeno. Un gran maestra, Marie Brain, que antes que nada nos enseñó “el cuerpo es sagrado”.
Después vinieron otros maestros y otras terapias, pero el concepto fue siempre el mismo, las grandes verdades son universales.


Los años fueron pasando, pero el amor por el movimiento no lo hizo.

Investigué, indagué, experimenté todo lo que pude, desde la danza contacto, la danza contemporánea, la expresión corporal, diferentes corrientes de movimiento como el balancing, rolfing, feldenkrais, y muchas más. Algunas se quedaron conmigo siempre, como el tai chi, hoy parte de mi vida.

De muchas fuentes he bebido.

Primero viví el movimiento como algo natural e instintivo, después como algo aprendido pero que no analizaba. Luego fui haciéndolo, es decir, analizándolo, y después he meditado sobre ello, durante muchos años.

Hará más o menos 15, mi cuerpo y alma heridos, el cuerpo por una cirugía y el alma por mi divorcio, escapé al otro lado del mundo, tan lejos tan lejos que si me iba más allá comenzaba a volver. La antípoda horaria exacta.
Terminé en la Isla de Bali, un paraíso dónde no fui buscando nada, sólo sanarme, y dónde conocí “por casualidad” la otra gran columna de lo que ha sido mi sistema: el masaje tailandés.
Primero tomé muchos, muchos masajes en los cuales pequeñas pero fuertes mujeres me estiraron, me estrujaron, me torcieron y me acomodaron. También me acunaron con dulzura, y me enseñaron sin mediar palabra alguna ya que no hablábamos el mismo idioma, que cuando el cuerpo propio es un nudo, otro lo puede desatar, o al menos tratar, dando mucho amor en el intento.
Fue un verdadero privilegio, un tesoro que me traje conmigo y que no comprendí hasta tiempo después, al comenzar a darle uso.

Me dijo una astróloga una vez, al hacerme una carta natal que soy una persona que convierte los obstáculos en bendiciones, y debo decir que así ha sido.

Hace mucho tiempo que mi maestro me pide cada vez que le voy con una “buena idea”: - escribílo; me lo escribís?; sentate a escribir; en fin, me lo ha pedido de todas las maneras y en todos los tonos, y debo decir que tenía razón, sólo que antes, yo no era capaz.
Un obstáculo que al final tal vez sea una bendición hizo que tenga que hacer “algo de reposo” y, aquí estoy , escribiendo.
De a un tiempo a esta parte, mis deseos se alinearon con los suyos y buenas cosas van a salir de este hecho, estoy segura.
Empecé a escribir este texto, el otro día, en el aeropuerto, cuando mi avión se atrasó dos horas. Lo seguí un rato una noche de insomnio, y lo terminé esta tarde, cuando algo que tenía planeado no salió, y a lo mejor, simplemente cada cosa se acomodó para yo estuviera un rato sentada, cada vez, escribiendo, y debo decir que he encontrado placer en ello.

Para cerrar, quiero contar que cuatro grandes pasiones han movido, mejor dicho, mueven, mi vida: moverme, viajar, leer y enseñar. No necesariamente en ese orden, el orden es aleatorio, yo soy todo eso junto y mezclado , una “movediza maestra viajera, bastante leída” podría ser una definición de mí misma.

Esta Carta es una fundamentación personal de la creación del sistema de Terapia Corporal, una respuesta al ¿“y de dónde sale ésto?. Es comunicar la pasión, la necesidad de transmitir esa pasión y compartir la experiencia.

El momento es desde ahora.

M. Fernanda Magadán
Buenos Aires, 10 de febrero de 2010


• El Arte de la Espada o la búsqueda de la perfección:
Porqué aprender Espada

Esgrima Oriental:

Si bien en todas las antiguas civilizaciones las espadas han sido de suma importancia, es en Oriente dónde ocupan un lugar de privilegio tal que, según un viejo mito, es un arma de corte la causa del origen del mundo.

Cuenta una leyenda china que al principio de los tiempos, cuando aún era la nada y sólo el caos existía, vivía dentro de un enorme huevo un gigante llamado Pankú.
Un día Pankù despertó de su largo sueño, y se sintió sofocado. Entonces tomó su enorme hacha , y con la hoja rompió el huevo .
Esto produjo una especie de “big-bang”, formándose así los elementos básicos: el yin y el yang.
La luz, la parte clara y sutil, ascendió y formó el cielo. La parte oscura y densa descendió y formó la tierra.
Pankú quedó en medio, impidiendo que las partes volvieran a juntarse. Permaneció así miles de años, hasta que llegó a la conclusión de que ya era suficiente, y se tendió a morir.
Mientras agonizaba, su cuerpo sufrió una maravillosa transformación: de distintas partes de su organismo se formaron las materias de nuestro mundo. Su aliento se transformó en viento y nubes y su voz en trueno. Un ojo en el sol y el otro en la luna. Su sangre en el agua, y sus venas en caminos de larga extensión. Sus músculos se transformaron en fértiles campos y las incontables estrellas del cielo aparecieron en su pelo y su barba. Su sudor fluyó como generosa lluvia y el dulce rocío que alimenta a todas las cosas vivas de la tierra. Sus lágrimas vertidas fueron ríos, y de las pulgas y piojos que tenía en el cuerpo surgieron los seres vivos.

Más allá de la originalidad de la leyenda, la misma nos da una pauta de lo importante y absoluto que es un CORTE, en este caso, tanto como para dar origen al mundo.

La espada tiene una fuerte mística.

En principio, no era para cualquiera.
Un arma de la nobleza, de la elite, cargada con fuertes valores simbólicos y una estética poderosa.

Dejando atrás lo que fuera su norma de uso en tiempos históricos, cuando el combate era entre hombres que se podían tocar, que se veían cara a cara y donde el valor y la técnica eran la causa final del triunfo, y centrándonos en tiempo presente, la práctica de la espada tiene hoy otro sentido.

Al principio se utilizan espadas de caña de bambú llamadas shinais.
Si el aprendiz avanza, podrá usar espadas de madera llamadas bokken.
La katana real sólo se utiliza en solitario y para meditaciones.
Se intenta dar a la forma técnica y a la intención, la misma fuerza interior con la que se entrenaba antaño.

El silencio, la concentración, la pureza de la formas, la elegancia de la técnica, el ritmo, todo nos lleva a una ética y una estética dejada de lado en épocas actuales.
La repetición del mismo corte una y otra vez, ya que “en la repetición está la perfección”, pelea contra las modas actuales dónde todo aburre, todo cansa, todo ha de ser novedoso y divertir.

El entrenamiento de la espada es todo lo contrario: se hace siempre lo mismo, pero se hace cada vez mejor. La vida entera nos llevará hacerlo casi perfecto, pues la belleza pura no existe, es la búsqueda de esa belleza lo que da sentido al camino y a la vida.

El corte se repite como práctica una y otra vez, en el aire, en solitario, shinai contra shinai, bokken contra bokken cuando es con compañero.

Pero el corte real, de ser efectuado, tiene la belleza extrema de aquello que es único e irrepetible, ya que algo puede ser golpeado varias, muchas veces, pero puede ser cortado una sola vez. No hay vuelta atrás sobre eso, la materia ha sido transformada sin regreso y sin remedio.

La hoja de la espada es la mente y es la idea.
Es entrenar el poder de abstracción, la máxima concentración, los reflejos, el aquí y el ahora.
Todo desaparece frente a la hoja de una espada, es un estado de presente supremo, una meditación.

Esa es la búsqueda, y no otra: disciplinar la mente y el cuerpo y buscar la belleza de los movimientos.

No es poca cosa en una época donde la fealdad en todos los sentidos gana las batallas día a día, y dónde la idea de belleza es tan externa, tan vana.

Pero en el interior yacen dormidos viejos valores. En nuestra cadena de adn puede haber genes de viejos guerreros dormidos: sólo hay que buscar y cultivarlos.

Es posible.

M. Fernanda Magadán

• El Arte Marcial y los Niños

El Propósito principal de este trabajo sobre el arte marcial para niños es informar a padres, familiares y a la sociedad en general de lo útil y enriquecedora que es esta práctica para los mismos.
Tengo interés en desarrollar los beneficios que el arte marcial les otorga , cuál es la forma de trabajo del maestro y como son planteadas las clases.
Las prácticas de Artes marciales enriquecen y fortalecen al niño, interna y externamente.
Ellos son personitas hermosas para trabajar, en las que con facilidad podemos incorporar la pasión que los que dictamos las clases tenemos dentro.
Mi intención es mostrar detalladamente como las artes marciales ayudan al crecimiento del niño física y psíquicamente.
La mayor parte de la información presentada esta basada en los beneficios que los niños adquieren con esta práctica, también del fin que tiene cada clase y de los objetivos que se buscan diariamente con ellos. Planteare también la visión del maestro en cada clase.

Mediante juegos en pareja y en grupos se busca mostrar al niño que su compañero, a quien tiene frente a él, es lo mas importante que tiene en ese momento y debe cuidarlo para que nada le ocurra y ambos puedan practicar, aprenden a cuidarse entre sí porque las clases se desarrollan en un marco de sano compañerismo y respeto mutuo.
Siempre se busca que resalte el concepto que se trabaja con el compañero y no en contra de él.
El respeto es una de las cosas principales que se plantean cuando un niño comienza a concurrir a clase y por esto ayuda a que se refuerce el respeto por sus padres, maestros y todo su entorno en general.
Asimismo, por tratarse de prácticas muy antiguas y tradicionales, es importante observar un protocolo, como saludar el "tatami" y las banderas, al instructor o maestro, y al compañero antes y después de cada práctica.
Con el Arte marcial se busca un método eficaz y natural para que el niño logre afianzar una sana personalidad y una gran adaptación al medio que lo rodea, ya que también se trabaja su autoestima y seguridad.
La práctica se desarrolla sin ningún tipo de violencia, y se intenta que en cada clase el niño pueda aprender a conocer y tomar control de su cuerpo y sus posibilidades. Buscamos que logren tener una coordinación psicomotriz, destreza, reflejos y capacidad de reacción.
Pero principalmente se busca que logren alcanzar disciplina, concentración, tolerancia, dominio de si mismos, humildad, responsabilidad y una voluntad inquebrantable. Valores éticos como el honor, el coraje, la compasión, la autodisciplina, el respeto se van inculcando poco a poco, con la enseñanza y con el ejemplo.
Es divertido que puedan aprender jugando, y que pensemos e ideemos juegos a los cuales podemos incorporarle una carga de ejercicios físicos, para fortalecernos y no salirnos del ámbito marcial.
Quienes dictamos las clases debemos aprender a observar a cada uno de ellos, tienen que tener una atención más personalizada respecto a otras actividades, ya que nosotros no sólo trabajamos con ellos en su parte física, externa sino también contamos con un trabajo interno individualizado. Hacemos un seguimiento de la evolución de cada niño, fijándonos objetivos individuales que tengan que ver con el desarrollo de cada uno de ellos, guiándolos en su evolución para que cada uno trabaje aquello que le hace falta : en los más "revoltosos" la autodisciplina, la calma, la concentración, en los más "tímidos y apocados" que se sientan más seguros, que se atrevan a mostrar sus habilidades y se animen a hacer cosas que por sí solos no se atreven.
Algunas veces, los padres piensan que el niño tiene un grado de violencia y agresividad alto. Problemas de peleas con sus compañeros en la escuela, con hermanos, etc. .Generalmente, ese tipo de niño responde muy bien a la enseñanza del arte marcial, porque canaliza rápidamente su energía y aprende normas de convivencia y de práctica que lo llevan a moderar sus excesos,dejando de pelear y volcando todo su entusiasmo en la práctica. El tema del control, del autocontrol, se repite sin cesar dándole suma importancia, y los niños captan y reciben la enseñanza de manera simple y concreta, mejorando su actitud.
Otro gran beneficio de la práctica es el concerniente a la salud. Muchos de los niños son derivados por médicos y especialistas de diferentes áreas, para mejorar problemas de obesidad, asma , y muchos otros.
Se trabaja también el tema de la higiene, la prolijidad y el orden.

Las artes marciales aumentan la autoestima, disminuyen la agresividad, contribuyen a formar a los niños como personas de bien, con valores éticos valiosos para la sociedad.

Mtra. María Luz González




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